lunes, 25 de junio de 2007

Open Access (Revistas)

Tomando como referencia el artículo Bien Común y Open Access que se puede acceder a la dirección:

http://www.madrimasd.org/informacionIdi/analisis/analisis.asp?id=15498&sec=17&tipo=g

Se establece que la mayoría de la investigación que se lleva a cabo en el mundo se realiza gracias a fondos públicos. Sin embargo, la publicación la realizan empresas privadas que sólo permiten la difusión de la ciencia mediante el pago de costosas suscripciones.

En la actualidad se publican en el mundo unas 24, 000 revistas de tipo científico y en su conjunto representan unos 2,500,000 de artículos (papers) al año.

No todas las revistas valen lo mismo, pero la suscripción de algunas como Brain Researh, revista dedicada a la investigación de las ciencias del cerebro, publicada por Elsevier, alcanza los 21,000 USD, aunque el valor medio de las revistan es de 2,050 USD.

En conjunto se tiene un negocio de unos trece mil millones de USD al año y al que se le calculan márgenes de beneficio cercanos al 30%. Las cifras son significativas porque hasta las instituciones ricas tienen problemas para abordar estos gastos. La Universidad de California, por ejemplo, paga por suscripciones 41 millones de USD.

Por otra parte se estima que la inversión de fondos públicos en ciencia alcanza un monto gigantesco: 116,000,000,000 de USD. La consecuencia es clara, pues cada artículo le cuesta a la arcas del estado (de algún estado del mundo) alrededor de 645, 000 USD.

Con los datos anteriores, podemos "intuir" que el mundo de la información científica es muy contradictorio, por una parte los científicos son los que producen y ofrecen gratuitamente la materia prima que nutre las revistas sin que, a cambio, tengan libre acceso a sus contenidos, además que el prestigio de las publicaciones depende de la calidad de lo que publican, una circunstancia que, al igual que el mercado de los futuros compradores, sólo pueden asegurar los científicos mismos.

En el artículo se cuenta la siguente experiencia de Michael Eisen, uno de los promotores de la Public Library of Science (PLoS):

Eisen nunca pensó que la información científica fuera un grave asunto político pues, obviando los problemas que plantea conseguir datos confiables en el laboratorio, siempre estuvo cerca de alguna de esas buenas bibliotecas que no escatiman gastos en suscripciones. Pero la expansión de Internet y las nuevas tecnologías de la información le abrieron los ojos. Dice Eisen que quiso desarrollar una Base de Datos que aprovechara la facilidad para acceder on-line a grandes fondos bibliográficos, correlacionando las investigaciones sobre secuenciación genómica con las ofrecidas por los clínicos sobre las patologías con potencial origen genético. Y como es muy diferente intentar buscar material empírico para publicar un paper que ensamblar datos de distinta procedencia obtenidos mediante robots informáticos, los editores le recordaron que la información que estaba correlacionando era propietaria (tenía dueño) y que, en consecuencia estaba vulnerando las leyes de la propiedad intelectual. O sea que comete un delito quien trate de usar los datos científicos publicados para fabricar nuevas herramientas de trabajo como, por ejemplo, una Base de Datos. El conflicto no sólo es chusco, sino aberrante. "La literatura científica la producen los científicos para que sea usada por gente como yo. La principal motivación para publicar algo -escribe Eisen - es que otras personas lo lean y lo usen. Por eso soy científico. Por esto son científicos los científicos. Y el hecho de que no lo pudiera hacer me pareció completamente absurdo".

Tan absurdo, que decidió incorporarse a la cruzada del Open Access, un movimiento que cuestiona el monopolio que las grandes corporaciones editoriales ejercen sobre la distribución de la información científica y que cuenta ya con lúcidos activistas como Peter Suber o Stevan Harnad y con poderosos apoyos para lograr sus fines, además de toda la parafernalia de newsletter, blognews, news, junto a las listas de correo que coordinan Suber en la Scholarly Publishing and Academic Resources Coalition Open Access Forum y Harnad en la American-Scientist Open Access Forum.

El movimiento no deja de crecer todos los días. Se calcula que son ya 30.000 los científicos de 180 países que han firmado la Open Letter de PLoS que promueve el boicot a las editoriales que restrinjan el acceso a sus fondos. En la actualidad, la Word Summit of Information Society (2003) organizada por la ONU y la Berlin Declaration on Open Access to Knowledge in the Sciences and Humanities, promovida entre otras por la Max Planck Society, el CNRS, el INSERN, la Wellcome Trust y la Academia de Ciencias de China, han adquirido fuertes compromisos en la dirección del open acess. Y no sólo pueden reseñarse buenas intenciones. Además de las 814 revistas on-line registradas en el Directory of Open Access Journals que promueve la Universidad de Lund, muchas instituciones de muy diferente carácter suministran herramientas open source (también llamadas free software) para allanar la tarea del tránsito hacia el open knowledge. La lista es larga: SciDevNet, HighWire, Citebase, BioMed Central, Hinari, OAIster, Creative Commons, eScholarship Repository, Eprints software, Project Sherpa, OpenCourseWare, CDSWare,...


Por lo que es momento de recordar lo que establece la Iniciativa de Budapest referente a Open Access (BOAI):
"Open Access se define como "disponibilidad gratuita en la Internet pública, para que cualquier usuario la pueda leer, descargar, copiar, distribuir, imprimir, con la posibilidad de buscar o enlazar todos los textos de estos artículos, recorrerlos para indexación exhaustiva, usarlos como datos para sofware, o utilizarlos para cualquiera otro propósito legal, sin barreras financieras, legales o técnicas, distintas de la fundamental de ganar acceso a la propia Internet".

La BOAI incluye también la recomendación de que el autor conserve el mayor control posible sobre la integridad de su trabajo, un privilegio que, sin embargo, no recomienda la posterior Bethesda Statement on Open Access Publishing (2003) para evitar futuras restricciones a cualquier uso o distribución de la totalidad o de algún fragmento del original publicado. El asunto ha sido objeto de discusiones apasionadas que alcanzaron su cénit con motivo de la propuesta del demócrata Martin Sabo de la Public Access to Science Act (2003) para prohibir la concesión de derechos de propiedad sobre cualquier conocimiento obtenido total o parcialmente con fondos públicos. La ley no se limita a reconocer el derecho de los científicos, sino que lo extiende a toda la ciudadanía, legitimando así la viabilidad de la participación en ciencia de los llamados expert-citizen que emergen de entre los colectivos de afectados (como los enfermos de SIDA), los activistas de diversa procedencia (del tipo ecologistas) y los partidarios del sofware libre (comunidades hackers). La tendencia errónea a confundir gratuidad con open access ha sido uno de los principales temas de enfrentamiento, pues se banalizan los temas cuando todo el problema se limita a la mera reducción de la factura por suscripciones --o, en el Tercer Mundo, el bajo o nulo coste, como sucede con iniciativas del tipo AGORA (Access to Global OnLine Research in Agriculture) o HINARI (The Health InterNetwork Access to Research Iniciative), ignorando otros obstáculos como los que pudieran introducirse según la tecnología de acceso y las herramientas de búsqueda autómatica, o los derivados de las políticas de mantenimiento on-line del documento o de reconocimiento de derechos de propiedad intelectual sobre el conjunto o una parte del texto. Hablamos entonces de problemas de extrema complejidad y que conectan los problemas del open acess con los del GPL o copyleft y el open source software.

A continuación se citan algunos sitios que apoyan esta iniciativa de Open Access:

  • Una de las primeras fué la de los Alamos National Laboratory 1n 1991, actualmente la adminsitra la Universidad de Cornell y el sitio cuenta con acceso abierto a 426,224 e-prints en Física, Matemáticas, Ciencias de la Computación y Biología Cuantitativa. Otros depósitos parecidos son cogPrints (ciencias cognitivas, neurología, psicología, lingüística,...) y PubMed Central (medicina, biología).
  • Hindawi , es un sitio que cuenta con más de 80 revistas asociadas al campo de la Ingeniería, Ciencias de la Vida, Matemáticas y Ciencias Físicas. (http://www.hindawi.com/).
  • BioMed Central, es una casa independiente de publicación que se compromete a proporcionar el acceso inmediato y abierto a la investigación biomédica original (revisada por sus pares). http://www.biomedcentral.com/.
  • Genamics JournalSeek es una base de datosque contiene 92,673titulos. http://journalseek.net/.
  • Chemical Central. Todos los artículos publicados por o en cooperación con Chemistry Central, están disponibles en forma gratuita y accesibles en forma permanente con la finalidad de asegurar la rápida y eficiente comunicación de los descubrimientos científicos. http://www.chemistrycentral.com/.
  • PLoS ONE. Sitio para accesar literarura médica y científica. http://www.plosone.org/home.action.
  • Citebase. Es un índice de citas semi autónomo para la literatura grátis y en línea. http://www.citebase.org/.
  • ETDE World Energy Base (ETDEWEB) . Cuenta con una colección de más de 3,862,000 registros bibliográficos y más de 181,000 de documentos de texto completo. https://www.etde.org/.
  • Registry of Open Access Repositories (ROAR). Registra repositorios de Open Access por país. http://roar.eprints.org/.
  • DOAJ (Directory of Open Access Journals). El sitio cuenta con 2,725 revistas y actualmente 822 revistas puede accederse a nivel artículo. En este año el sitio incluye 137,179 articulos. http://www.doaj.org/
  • Iniciativa Open Access de la Universidad de Oxford. Cuenta con acceso a 50 revistas. Se puede acceder completamente a NAR y a DNA Research. http://www.oxfordjournals.org/oxfordopen/.
  • The NASA Astrophysics Data System -- Se puede accesar a 300,000artículos de texto completo.
  • HighWire Press (Una división de la Universidad de Stanford) mantiene un repositorio de 1053 revistas y 4,327,410 artículos de texto completo provenientes de 130 editores escolares. En la actualidad se pueden acceder a 1,721,994 articulos en forma gratuita. El sitio establece que producen 71 de las 200 revistas mas citadas. http://highwire.stanford.edu/
  • Dspace del MIT. Es un repositorio institucional en línea de materiales de investigación digitalizados. http://dspace.mit.edu/.
  • Otros ejemplos archivos abiertos por materias que integran servicios en línea o acceso a documentos científicos significativos mediante registro o subscripciones a bajo precio son: Chemistry Preprint Server (CPS) (http://preprint.chemweb.com/) sobre química, EconWPA (Economics Working Paper Archive) (http://econwpa.wustl.edu/) sobre economía, BioMedCentral (http://www.biomedcentral.com/) y British Medical Journal (http://bmj.com/) sobre ciencias médicas, H-NET (http://www2.h-net.msu.edu/) sobre humanidades o la Public Knowledge Project (http://bcdlib.tc.ca/dlibs-bc.html) de la
    British Columbia University sobre educación, etc. Todos estos portales son repositorios de contenidos con archivos de “pre-prints”, listas de discusión relacionadas, y otros documentos y materiales de interés, indexados y ligados entre sí.

Todo indica que el movimiento open access no es una moda pasajera y que a mediano plazo será muy dificil justificar el hecho de que el conocimiento, pagado, producido y validado con recursos públicos, pueda acabar siendo propiedad de unas empresas que no sólo le niegan el acceso a los ciudadanos, sino a los mismos científicos. Hay otro aspecto el de la dimensión ética del asunto, pues nada parece tan razonable como admitir que el conocimiento debería ser patrimonio de todos, un bien común que legaremos a las generaciones futuras de la misma forma en la que nosotros hemos recibido las leyes de la gravitación de Newton, las de circulación de la sangre de Harvey, la Teoría de la Relatividad de Einstein, el principio de Arquímedes o el mapa del genoma humano. Lo cierto es que con la llegada de las nuevas tecnologías de la información los problemas han adquirido una magnitud portentosa y las alarmas han saltado por todos los rincones. Negar el acceso a la información científica a los ciudadanos, ya sea por su condición de supuestos iletrados, ya sea porque su familia, institución o país no dispone de recursos suficientes, es una opción por completo inaceptable que retrasa el avance de la ciencia y cuestiona los fundamentos mismos de la democracia. Podemos decir que en el mundo Open Access las diferencias entre países ricos y pobres, universidades del primer mundo y de países en desarrollo deben de tener la misma oportunidad, ya no es pretexto decir que países como México deben pagar su ignorancia. La comunidad en México debe difundir el acceso a estas fuentes abiertas, para que la sociedad se vea favorecida por los beneficios de una ciencia que es patrocinada por todos nosostros a través de los fondos públicos -de nuestros impuestos- que se destinan a la investigación de la universidades públicas.